CÓMO SALVAR LOS OBSTÁCULOS DE LA IDENTIFICACIÓN DE LAS
FAMILIAS SIN RECURSOS
Cómo
salvar los obstáculos de la identificación de las familias sin recursos: El uso de la Calificación del patrimonio
participativo (PWR), del Índice de vivienda de CASHPOR (CHI) y de otras medidas
para identificar y fomentar la participación de las familias sin recursos,
especialmente las mujeres de esas familias
Por
Anton
Simanowitz, Instituto para Estudios de Desarrollo
Ben
Nkuna, Fundación de Pequeñas Empresas
Sukor
Kasim, Women Development Banking Trust
Aportaciones
adicionales por Robert Gailey, World Relief, John Hatch y Laura Frederick,
FINCA International
(Esta
monografía ha sido preparada para la Reunión de Consejos de la Cumbre de
Microcrédito que se celebrará en Abidjan, Côte d’Ivoire del 24 al 26 de junio
de 1999. Esta ponencia está hecha para ampliar la agenda de conocimientos de la
Campaña de la Cumbre. Las
opiniones expresadas son de los autores.)
CÓMO
SALVAR LOS OBSTÁCULOS DE LA IDENTIFICACIÓN DE LAS FAMILIAS SIN RECURSOS
Cómo salvar los obstáculos de la identificación de las
familias sin recursos: El uso de la
Calificación del patrimonio participativo (PWR), del Índice de vivienda de
CASHPOR (CHI) y de otras medidas para identificar y fomentar la participación
de las familias sin recursos, especialmente las mujeres de esas familias
Por
Anton
Simanowitz, Instituto para Estudios de Desarrollo y Ben Nkuna, The Small
Enterprise Foundation, Sudáfrica
Sukor
Kasim, Becario senior en investigaciones, Universiti Sains Malasia
La
sección final sobre Otras medidas de la pobreza fue compilada por Robert
Gailey, World Relief
RESUMEN EJECUTIVO
Se ha
demostrado que el microfinanciamiento es un mecanismo eficaz y eficiente para
la reducción de la pobreza en todo el mundo. La
Reunión Cumbre del Microcrédito de 1997[1]
declaró que su meta era atender a “100 millones de familias entre las más
pobres del mundo[2],
especialmente a las mujeres de esas familias, concediéndoles créditos para que
trabajen en forma autónoma y prestándoles otros servicios financieros y
comerciales para el año 2005.” Se trata de un objetivo audaz
dado que la captación de las familias sin recursos a través del
microfinanciamiento está todavía en su etapa preliminar y la mayoría de las
instituciones de microfinanciamiento (IMF) ya atienden a gente de escasos
recursos pero no a quienes no tienen recursos.
La presente monografía representa el primer paso de
este objetivo: la identificación de
los clientes sin recursos. Se
trata del paso más evitado u olvidado en el clamor de crear programas que
puedan empezar a dispersar préstamos y no pierden tiempo en lograr la
autosuficiencia financiera. La cuestión es cómo se puede beneficiar a
la gente sin recursos con el microfinanciamiento si no se sabe quiénes son los
que no tienen recursos. ¿Cómo se puede decir que se está llegando
a la gente sin recursos si no se mide lo que se hace? ¿Cómo se puede
identificar a estas familias en el terreno y fomentar su participación en los
programas de microfinanciamiento? ¿Cómo se puede medir el impacto si no
sabemos dónde empiezan los clientes?
Sostenemos
que a menos que se utilice una activa concentración en la pobreza, no podremos
crear servicios de microfinanciamiento para los más pobres. La experiencia ha demostrado que si se incluye a
la gente que está en mejores condiciones, se puede llegar a descorazonar a la
gente que quiera ingresar al programa. Por lo tanto, aun cuando
nuestro objetivo no sea exclusivamente el de captar a la población sin
recursos, a menos que usemos una activa selección de candidatos, existe la
probabilidad de que sin querer no incluyamos a los que carecen de recursos.
No se
trata de una cuestión de costo o sostenibilidad (si bien ello tiene un gran
impacto en la forma en que se efectúa la concentración en la pobreza). Independientemente
de que el programa se concentre exclusivamente en un grupo o no, la experiencia
ha demostrado que para abarcar a la gente sin recursos debemos diseñar
específicamente un programa que responda a sus necesidades. La
concentración en la pobreza puede ayudar al proceso mediante la concientización
de las distintas necesidades que tienen clientes diferentes y permitir que se
elijan eficazmente los distintos productos.
Muchas
personas sostienen que es imposible, o demasiado costoso, diseñar herramientas
seguras para concentrarse en la pobreza. Sin embargo, hay una serie de
métodos de selección rentables en uso. La
presente monografía describe dos métodos de concentración en la pobreza que son
eficaces para la identificación de los muy pobres y que se han utilizado a gran
escala con miles de potenciales clientes. También
se analizan algunos otros métodos menos conocidos.
El
Índice de Vivienda CASHPOR (CHI) usa las condiciones externas de la vivienda
como representación de la pobreza y puede ser muy eficaz en condiciones en las
que hay una relación constante entre la pobreza y las condiciones de la
vivienda.
La Calificación del patrimonio participativo (PWR) usa
las definiciones y nociones de pobreza propias de una comunidad y emplea
métodos rigurosos de control recíproco para garantizar la uniformidad y
precisión de los resultados. Ambos
métodos apuntan a aprovechar la información que exista, a recopilar los datos
mínimos necesarios para que la concentración sea fidedigna y efectúan el
seguimiento mediante un proceso de motivación para promover la participación de
los más pobres en el programa.
Ambos
métodos dependen del contexto. La PWR se basa en el
conocimiento minucioso que la comunidad tiene de sí misma y es poco probable
que funcione en aquellos contextos en los que la comunidad sea débil o donde
haya grandes conflictos o desconfianza. De la misma manera, el CHI
depende de que haya una gran correlación entre las condiciones de la vivienda y
la pobreza. No se trata de una relación universal y está bastante
definida por el contexto. Cuando se adapta el CHI a las
condiciones locales, hasta quizás incluyendo otros indicadores que no
pertenezcan a la vivienda pero que sean externamente visibles, hay más
probabilidades de que el Índice pueda aplicarse a una mayor gama de contextos.
Una
tercera herramienta, que denominamos el método de “lista de verificación”, crea
una lista de indicadores de pobreza sobre la base del concepto local de
pobreza. Luego se asignan puntos
a cada indicador o se determina un nivel para el umbral de pobreza. Así se puede calcular el nivel de pobreza de una
familia con el puntaje total o con la cantidad de indicadores correspondientes.
Por
ende, estos métodos no deben aplicarse a ciegas, sino adaptarse a las
necesidades y condiciones locales. Es necesario tomar una serie
de decisiones que determinarán la herramienta a usarse.
CÓMO SALVAR LOS OBSTÁCULOS DE LA IDENTIFICACIÓN
DE LAS FAMILIAS SIN RECURSOS
Cómo
salvar los obstáculos de la identificación de las familias sin recursos: El uso de la Calificación del patrimonio
participativo (PWR), del Índice de vivienda de CASHPOR (CHI) y de otras medidas
para identificar y fomentar la participación de las familias sin recursos,
especialmente las mujeres de esas familias
Por
Anton
Simanowitz y Ben Nkuna, The Small Enterprise Foundation, Sudáfrica
Sukor
Kasim, Becario senior en investigaciones, Universiti Sains Malasia
La
sección final sobre Otras medidas de la pobreza fue compilada por Robert
Gailey, Director de investigaciones, Campaña para la Reunión Cumbre del
Microcrédito
Actualizada en junio del 2000 por
Anton Simanowitz
… Cuando iniciamos el programa, nuestro objeto era
tratar de llegar a los pobres… y ayudarles a cruzar el umbral de la
pobreza…decidimos que el método que usaríamos sería ofrecer un préstamo muy
pequeño porque, seguro, solamente los que tuvieran escasos recursos iban a
recibir un crédito pequeño. El siguiente paso que dimos fue ir a una de las
partes más pobres de Sudáfrica… y empezamos a otorgar préstamos. Pero después de unos pocos años, nos dimos cuenta de que la gente que
obtenían nuestros servicios, en su mayoría, no tenían un nivel de ingresos de pobreza.
Ahora bien, los clientes que son mucho más
pobres, ¿por qué no vienen a uno en grandes cantidades? La razón es que se sienten intimidados por los clientes que tienen más
recursos. Lo que no habían dicho las publicaciones de todo
el mundo es lo que descubrimos en nuestro propio casos y mediante las pruebas
contundentes. La gente más pobre observa quién acude al
programa y simplemente dicen: “Este
programa no es para nosotros, es para gente que está en mejores condiciones que
nosotros”. Y muy a menudo esa gente con más recursos –
quizás menos pobres que ellos – los intimidan simplemente con decir: “Esta reunión es para gente seria”. En este caso hay que tener un negocio en serio. Alguien que solamente vende algunos vegetales no tiene un negocio en
serio”. La gente de escasos recursos ya tiene muy poca
autoestima, y se suman algunos pocos comentarios de ese tipo, se van. Por lo tanto, desafortunadamente, la presencia de gente con recursos
ahuyenta a los pobres. Es por eso que tenemos que concentrarnos
exclusivamente en la pobreza.
John
de Wit
Director
administrativo,
Small
Enterprise Foundation
INTRODUCCIÓN
Se ha
demostrado que el microfinanciamiento es un mecanismo eficaz y eficiente para
la reducción de la pobreza en todo el mundo. La Reunión
Cumbre del Microcrédito de 1997[3]
declaró que su meta era atender a “100 millones de familias entre las más
pobres del mundo[4],
especialmente a las mujeres de esas familias, concediéndoles créditos para que
trabajen en forma autónoma y prestándoles otros servicios financieros y
comerciales para el año 2005.” Se trata de un objetivo audaz
dado que la captación de las familias sin recursos a través del
microfinanciamiento está todavía en su etapa preliminar y la mayoría de las
instituciones de microfinanciamiento (IMF) ya atienden a gente de escasos
recursos pero no a quienes no tienen recursos.
La
presente monografía representa el primer paso de este objetivo: la identificación de los clientes sin recursos. Se trata del paso más evitado u olvidado en el clamor
de crear programas que puedan empezar a dispersar préstamos y no pierden tiempo
en lograr la autosuficiencia financiera. La cuestión es cómo se puede
beneficiar a la gente sin recursos con el microfinanciamiento si no se sabe
quiénes son los que no tienen recursos. ¿Cómo se puede decir que se
está llegando a la gente sin recursos si no se mide lo que se hace? ¿Cómo
se puede identificar a estas familias en el terreno y fomentar su participación
en los programas de microfinanciamiento? ¿Cómo se puede medir el
impacto si no sabemos dónde empiezan los clientes?
Al
principio de la Campaña, se tornó evidente que sería difícil seguir el rastro
de los avances en pro de la consecución del objetivo de la Reunión Cumbre con
el actual conocimiento del campo. La mayoría de los
profesionales del microfinanciamiento pueden informar acerca de las cantidades
de clientes y el porcentaje que son mujeres, pero no pueden documentar cuántos
de sus clientes se encuentran entre los “más pobres” cuando ingresan al programa. La
mayoría de los profesionales simplemente no tienen un método sencillo y
económico para evaluar el nivel de pobreza de sus clientes.
Pero
la concentración en la pobreza es algo más que el simple hecho de saber a quién
se está atendiendo, de cerciorarse de abarcar a quienes queremos abarcar y de
informar a los interesados en este tema. ¿Se
puede concebir un programa de microfinanciamiento que atraiga solamente a la
gente sin recursos? ¿O se puede tener éxito en persuadir a la gente de más
recursos para que no use el programa y atraer a un grupo combinado de gente de
escasos recursos y sin recursos? ¿O vamos a terminar creando un
programa que no atraiga a la gente sin recursos y que preste servicios a los
que tengan escasos recursos o algunos recursos?
Sostenemos
que a menos que se utilice una activa concentración en la pobreza, no podremos
crear servicios de microfinanciamiento para los más pobres. Algunos
programas se concentran exclusivamente en las mujeres, en parte porque el
predominio de los hombres puede desalentar la participación de las mujeres. Asimismo,
la experiencia ha demostrado que si se incluye a la gente que está en mejores
condiciones, se puede llegar a descorazonar a la gente que quiera ingresar al
programa.
Por lo tanto, aun cuando nuestro objetivo no sea
exclusivamente el de captar a la población sin recursos, a menos que usemos una
activa selección de candidatos, existe la probabilidad de que sin querer no
incluyamos a los que carecen de recursos.
No se
trata de una cuestión de costo o sostenibilidad (si bien ello tiene un gran
impacto en la forma en que se efectúa la concentración en la pobreza). Para
nosotros, si queremos atender a los más pobres mediante el microfinanciamiento,
debemos concebir especialmente un programa que responda a sus necesidades.
Antes
de proseguir analizando cómo hacerlo, es importante abordar algunos de los
argumentos en contra de ello.
EL ENFOQUE “NO LO HAGAN” PARA LA CONCENTRACIÓN EN
LA POBREZA
Los
argumentos más comunes contra la activa concentración en los pobres son una
extraña mezcla de “cuesta mucho hacerlo” con “no es necesario”.
El
argumento más común contra la concentración en los pobres gira en torno al
problema de los costos. Prestar
servicios de microfinanciamiento a los poblados rurales que están aislados es
costoso.
Quienes proponen este punto de vista aducen que dicha
concentración aumenta los costos de las transacciones, con lo cual se debilita
la autosuficiencia financiera institucional (AFI). La
concentración en la gente sin recursos implica también concentrarse en los
clientes menos lucrativos, quienes (inicialmente) solicitan los préstamos más
pequeños.
“En un
momento dado (las IMF) puede optar por el crecimiento y destinar sus recursos a
sustentar el éxito de aquellas instituciones ya establecidas y que evolucionen
rápidamente, o dedicarse a producir un impacto sobre la pobreza… y volcar sus
recursos a aquellas operaciones que se concentren en el problema de la pobreza
y corran un mayor riesgo de fracasar, así como tengan previsto obtener una
menor tasa de rendimiento” (Hulme & Mosley, V1, pág. 206).
La
concentración activa en los pobres es considerada innecesaria también por
algunos profesionales y académicos. Este grupo sostiene que el
objetivo de captar a la gente de menos recursos puede lograrse a través de la
formulación de una metodología de crédito. Por
ejemplo, un programa podría ofrecer préstamos pequeños con altos costos de
transacción, en términos de tiempo necesario para ingresar al programa y
durante las reuniones, con el objeto de disuadir el ingresos de todas aquellas
otras personas que no sean los de menos recursos. Estas
características del diseño sirven para que el producto se torne menos atractivo
para la gente con más recursos.
Otra
opción del diseño tendiente a concentrar un programa en la prestación de
servicios a la gente de escasos recursos y sin recursos es trabajar en aquellas
zonas donde vivan la mayoría de los pobres. La
mayoría de los países tienen datos demográficos básicos (y alguno algo más
sofisticados) que darán una idea estimada de dónde se encuentran las
concentraciones mayores o menores de gente de escasos recursos.
Cuando
se critica a estos métodos aduciendo que no son seguros, normalmente la
respuesta es que este tipo de control pasivo es el mejor compromiso, teniendo
en cuenta los altos costos que implican los métodos de concentración más
proactivos.
Estamos
convencidos de que no se trata de una solución de compromiso, sino de una falla
fundamental en la prestación de servicios a la gente sin recursos. La
experiencia de las IMF concentradas en la pobreza demuestra que la
concentración activa en los pobres es el primer paso crucial que hay que dar
para crear una institución eficaz y eficiente con el objeto de reducir la
pobreza.
POR QUÉ DEBEMOS CONCENTRARNOS ACTIVAMENTE EN LA
GENTE DE ESCASOS RECURSOS
Una
institución que trabaje con gente sin recursos y de escasos recursos debe
incluir actividades que estén especialmente destinadas a estos grupos
beneficiarios – la concentración en ellos es solamente una de esas actividades. Si
bien aumenta sin lugar a dudas los costos de las transacciones, hay cada vez
más pruebas de que el incremento de la clientela y otros beneficios de esa
concentración conducen a la consecución gradual de la AFI. La
innovación y creatividad pueden consolidarla. Por
ejemplo, la concentración puede asistir a concientizar y a motivar a la gente
para que ingrese al programa (lo que se analiza más adelante en las
descripciones del Indice de vivienda y la Calificación del patrimonio
participativo). Asimismo las recientes
innovaciones en materia de concentración la han tornado más rentable.
Muchas
instituciones la consideran un requisito esencial para la creación y el
mantenimiento de una buena disciplina crediticia, lo que es fundamental para
que el programa sea sostenible. Por
ende, la concentración en la pobreza no es solamente una cuestión de captar a
la gente correcta, sino una cuestión de crear una estructura funcional que va a
evolucionar hasta convertirse en una institución sostenible. Si el
programa no se concentra en la gente sin recursos y de escasos recursos, habrá
una falta de enfoque y de coordinación de los servicios con las necesidades de
los clientes. Ello podrá llevar a una mala disciplina crediticia,
altos índices de deserción y, por lo general, creará un entorno problemático
que en última instancia socavará la sostenibilidad.
Hay
dos beneficios claros en tener un buen conocimiento de quienes se está captando
con los servicios financieros. El primero se relaciona con la
IMF y su capacidad de concentrar sus servicios en los clientes deseados. Sin
tener conocimiento del perfil de pobreza de los clientes, es imposible saber si
se está captando a quien se quiere atender y saber si los productos y servicios
que se ofrecen responden a las necesidades de los clientes beneficiarios.
El
segundo beneficio está relacionado con la necesidad de transparencia y
responsabilidad en el microfinanciamiento. Cuando
se establece el objetivo de la pobreza, no es suficiente suponer simplemente
que se ha alcanzado. Las IMF, sus fundadores y otras partes interesadas tienen
que contar con información básica para decribir el nivel de pobreza de los
clientes que se captan.
En la
presente monografía sostenemos que el uso de una herramienta de concentración
en la pobreza no se limita a informes con cifras de cuánta gente se ha captado. Es
también el requisito fundamental de organizar una institución que se concentre
en las necesidades del grupo beneficiario, en vez de responder a la voz
predominante de los beneficiarios no deseados.
La
concentración pasiva mediante el diseño de productos será siempre un método
dudoso de llegar a la gente pobre y, por cierto, no va a separar a los que no
tengan recursos de quienes tengan escasos recursos. Hay
numerosos ejemplos de cómo esos productos de préstamos han beneficiado a los
clientes en mejor situación económica que han ingresado al programa con la
expectativa de conseguir mejores préstamos en el futuro. La cita inicial de esta monografía describe la
experiencia de Small Enterprise Foundation (SFF) en Sudáfrica, donde se
descubrió que la falta de concentración había llevado al programa a prestar
servicios a clientes en mejores condiciones económicas. Los
programas de desarrollo rural integral de Asia han informado acerca de
experiencias similares (Kassim, experiencia personal).
La
concentración en la pobreza es el primer paso a dar en la creación de un
programa que esté destinado a responder a las necesidades de la gente sin
recursos.
La marginalización y la exclusión social de que son objeto
los pobres implican que debe crearse una “cultura de pobreza”. Al
elegir las características de la gente en quienes deseamos concentrarnos,
estamos concentrándonos también en los beneficios del programa.
La
concentración en la gente de escasos recursos está muy vinculada con la
concentración en la mujer. Hay sólidos argumentos que
sostienen que a menos que los programas estén dirigidos a las mujeres, se las
puede pasar por alto muy fácilmente. A menudo se centra la atención
en las mujeres porque se cree que ello tendrá un mayor impacto en términos de
reducción de la pobreza, dado que las mujeres tienden a gastar los ingresos
extra que tengan en las necesidades de sus familias. En su
estudio de las réplicas de Grameen Bank, por ejemplo, Helen Todd describió un
mucho mayor impacto en las mujeres y sus familias cuando los préstamos se
concedían a mujeres de escasos recursos en vez de otra gente.
Además,
se las puede seleccionar como candidatas por su relativa marginalización y
mayor incidencia de pobreza. Una serie de estudios han
examinado la función que cumple el microfinanciamiento en la habilitación de la
mujer, pero se trata de un tema muy debatido entre la gente que aduce que el
microfinanciamiento puede contribuir al potenciamiento de la mujer, pero que no
conduce directamente a ello (véase Johnston; Johnston y Rogaly; Mayoux).
Un
tercer motivo común por el que se selecciona a las mujeres como candidatas está
relacionado con los beneficios operativos en vez de la reducción de la pobreza. La
experiencia ha demostrado que las mujeres muy pobres cumplen mucho mejor que
los hombres en términos de utilización de los préstamos y disciplina
crediticia. Rutherford (citado en Johnston y Rogaly, pág. 4) observa que en Bangladesh la concentración en
las mujeres se debe a que “se las considera más accesibles (están en el hogar
durante las horas de trabajo); es más probable que paguen a tiempo; son más
flexibles y pacientes que los hombres y es menos costoso prestarles servicio”.
¿NOS DEBEMOS CONCENTRAR PURA Y EXCLUSIVAMENTE EN
LA GENTE SIN RECURSOS?
La
meta de la Reunión Cumbre es atender a 100 millones de familias entre “las más
pobres” del mundo. La realidad del microfinanciamiento hoy en día es que
son pocas las organizaciones que se concentran efectivamente en prestar
servicios a gente sin recursos.
El
principal factor es la autosuficiencia financiera. En la
exposición anterior sostuvimos que la creación de una institución para atender
a los más pobres impone otros gastos a una IMF, pero crea también beneficios
que pueden llevar a la consecución de la AFI. Dijimos
también que solamente mediante la confrontación directa de la tarea difícil que
representa crear una IMF financieramente sostenible para la gente sin recursos
vamos a superar los problemas del costo.
Por
eso, el análisis de la concentración exclusiva está basado en la capacidad de
las IMF de captar y atender a los más
pobres.
Se trata de una cuestión fundamental que debe ser
primordial para la consecución de la meta de la Reunión Cumbre de atender a la
gente sin recursos.
El
pragmatismo se inclinaría por un enfoque que acepte que la mayoría de las IMF
atiendan a una combinación de clientes, incluso alguna gente sin recursos y de
escasos recursos, pero quizás también a los que tengan recursos. En
este caso, la concentración en la pobreza sería fundamentalmente una
herramienta para conocer y dar información sobre qué público se atiende. Siempre
que se pueda captar eficazmente a gente sin recursos con un programa “mixto”,
al aumentarse la escala habrá más probabilidades de captar mucha más gente sin
recursos.
Aquellos programas que atiendan a varias clases de
clientes, no solamente a los que no tengan recursos o que cuenten con escasos
recursos, podrán expandirse más rápidamente y beneficiar a cantidades más
grande de personas que los programas que se dediquen exclusivamente a una sola
clase. Si lo hacen, es
probable que se beneficien grandes cantidades de personas de escasos recursos y
sin recursos. Además, esos programas
tienen la posibilidad de subsidiar préstamos para los más pobres con los
empréstitos más lucrativos que se conceden a la gente de recursos y, de esa
manera, se podría alcanzar la AFI con mayor celeridad.
No hay
problema intrínseco alguno en un programa que se dedique tanto a la gente sin
recursos como a la de escasos recursos, e inclusive la que tenga recursos. Pero
cuando las necesidades de los distintos grupos beneficiarios son muy
diferentes, se torna difícil satisfacer las necesidades de los más pobres.
Organizaciones
del tipo de SEF, que han tratado de trabajar exclusivamente con gente sin
recursos, han descubierto que, en su contexto, no se puede atender eficazmente
a la gente más pobre en un programa mixto. Para
responder a las necesidades de la gente sin recursos, es necesario crear una
cultura de concentración en la pobreza. Si predomina la gente con
recursos, o hasta si hay mayoría de gente de escasos recursos en vez de sin
recursos, la gente más segura de sí misma y que más exprese sus opiniones será
más escuchada. Una IMF innovadora que aspire a lograr la AFI o un
empleado encargado de otorgar préstamos que responda a los incentivos financieros
que recibe por conseguir una buena cartera de préstamos escuchará estas
opiniones.
Así habrá una tendencia a desarrollar productos
crediticios más convenientes para los clientes en mejor situación económica. Los
clientes de menos recursos quedarán cada vez más marginados, tanto por la IMF
como, en el caso de créditos colectivos, por sus compañeros de grupo y los
miembros del centro. Los muy pobres que obtienen préstamos de poca cuantía
tienen problemas, son vulnerables y necesitan mucho apoyo, además de no ser
populares con los otros clientes, los empleados encargados de conceder
préstamos o las sucursales que luchan por ser lucrativas. A esa
altura, si el programa todavía sigue atrayendo a la gente sin recursos, es
probable que también tenga un impacto negativo sobre estos clientes y, en
realidad, contribuya a una mayor pobreza.
Independientemente
de que el programa se concentre exclusivamente en un grupo o no, la experiencia
ha demostrado que para captar a la gente sin recursos debemos diseñar específicamente
un programa de servicios que responda a sus necesidades. El
programa puede abarcar a los distintos grupos del mercado, pero debe tener
conocimiento de las diferencias entre ellos y tratar a cada grupo en forma
acorde.
La concentración en la pobreza puede ayudar al proceso
mediante la concientización de las necesidades que tienen clientes diferentes y
permitir que se elijan eficazmente los distintos productos.
Por lo
tanto, es necesario concentrarse en la gente que tenga más sentido para el programa
tanto en materia de la prestación de servicios que respondan a las necesidades
de los que no tienen recursos como del desarrollo de una IMF que pueda alcanzar
la AFI. La composición exacta
del grupo beneficiario es, por lo tanto, una combinación de los grupos
identificables de gente de distintos niveles de pobreza, el alcance de las
diferencias en los servicios necesarios para estos distintos grupos y las
exigencias prácticas de formar una IMF viable que pueda alcanzar la AFI.
Selección
eficaz de los candidatos en función del costo
Si se
acepta que es necesario dedicarse activamente a la gente sin recursos para
procurar que:
i)
formen parte del programa,
ii)
sigan en el programa y no se retiren por lo que digan o hagan los otros; y
iii)
formen una institución eficiencia, eficaz y rentable que responda a las
necesidades de los más pobres.
Entonces
se puede empezar a ver cómo se puede lograr de la manera más eficaz en función
del costo.
La presente monografía describe tres métodos de
concentración en la pobreza que son eficaces para la identificación de los muy
pobres y que se han utilizado a gran escala con miles de potenciales
clientes. Las herramientas de
concentración en la pobreza desarrollan métodos sencillos para medir la
“pobreza”, que es compleja, subjetiva y muy difícil de medir con
precisión. Es necesario lograr términos
medios o soluciones de compromiso.
Las IMF que desean desarrollar herramientas de
concentración en la pobreza se enfrentan a tres preguntas clave:
1)
¿Cómo medimos de una manera
sencilla un problema tan complejo como lo es la pobreza?
2) ¿Cómo podemos confiar en los resu