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Impacto seguro: Cómo servir al más pobre construyendo instituciones financieramente autosuficientes y mejorando el nivel de vida de las mujeres más pobres y sus familias
Anton Simanowitz
Programme Manager, ImpAct, Institute of Development Studies at the University of Sussex
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Innovaciones desde el campo: Un resumen osadamente breve sobre un fenómeno de enormes proporciones
John K. Hatch
Founder, FINCA International
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Empoderamiento de la mujer a través de las microfinanzas
Susy Cheston
Senior Vice President, Policy and Research, Opportunity International;
Executive Director Emeritus of the Women's Opportunity Fund
Lisa Kuhn
Program Analyst, Opportunity International
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El Financiamiento de las Microfinanzas para la Reducción de la Pobreza
David Gibbons
Managing Director, CASHPOR Financial and Technical Services
Jennifer Meehan
Financial Director, CASHPOR Financial and Technical Services
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Políticas, Regulaciones y Sistemas que Promueven Servicios Financieros Sustentables para los Pobres e Indigentes
Nancy Barry
President, Women's World Banking
Kathryn Imboden
Policy Change Manager, Women's World Banking
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CREANDO VIDAS MEJORES: INTEGRACIÓN SOSTENIBLE DE LAS MICROFINANZAS CON LA EDUCACIÓN EN SOBREVIVENCIA INFANTIL, SALUD REPRODUCTIVA Y PREVENCIÓN DEL VIH/SIDA PARA LOS EMPRESARIOS DE MÁS BAJOS RECURSOS
Christopher Dunford, Présidente de Freedom from Hunger
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Las Microfinanzas en Américalatina en Diez Años: Visión y Características
Maria Otero
President & CEO de ACCION Internacional
Beatriz Marulanda
Resumen Ejecutivo PDF
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CREACIÓN DE FONDOS AUTÓNOMOS NACIONALES Y SUB-REGIONALES PARA EL MICROCRÉDITO
Por Dr. Salehuddin Ahmed, Director Gerente, Palli Karma-Sahayak Foundation (PKSF) Dhaka, Bangladesh
Resumen ejecutivo:
Con el fin de alcanzar la meta de la Cumbre del Microcrédito de llegar a 100 millones de las familias más pobres[1] del mundo para el año 2005, deben tomarse varias medidas para asegurar que se dirijan más recursos hacia los más pobres mediante formas efectivas y costeables. El mecanismo para canalizar fondos, especialmente fondos del gobierno y de donantes, a las instituciones de microcrédito[2] mediante organizaciones principales autónomas de financiamiento puede ser eficiente, rápido y costeable. Por lo tanto, existe una necesidad de crear tales fondos para microcrédito (FMC) a nivel nacional y sub-regional. Los FMC pueden realizar dos funciones principales: servir de intermediarios financieros y desarrollar instituciones de microcrédito sostenibles. La estructura institucional de tales fondos para microcrédito debe resolver efectivamente los asuntos legales y de propiedad, dirección, administración y autonomía de los FMC. La estructura de propiedad debe incluir una combinación juiciosa de estado, sociedad civil y sector privado. Con el fin de mantener el fondo libre de interferencia política y enredos burocráticos, la autonomía del fondo debe ser reconocida por el gobierno y todos los otros grupos de interés. Debe recordarse que la autonomía no se adquiere como un ‘regalo del cielo’; tiene que derivarse del compromiso político del gobierno. Esta es una tarea difícil, pero no imposible, como lo demuestra el estudio de caso de la Palli Karma Sahayak Foundation (PKSF) en Bangladesh. Una gran ventaja de los fondos autónomos para microcrédito es su habilidad de seleccionar y supervisar a un gran número de programas de microcrédito (PMC) basándose en los mismos criterios estándar, en contraste con las evaluaciones inconsistentes y ‘ad hoc’ de PMC individuales realizadas por donantes y agencias del gobierno. Las fuentes de financiamiento de los FMC pueden incluir al gobierno, agencias donantes, instituciones financieras internacionales, el banco central y los bancos comerciales del país. La condición ‘necesaria’ para el financiamiento es que el gobierno de un país determinado debe comprometer sus propios recursos, haciendo por lo tanto una promesa firme de ayudar a los pobres mediante un fondo autónomo para el microcrédito. Los fondos para microcrédito deben tener estándares y procedimientos pragmáticos para evaluar a las instituciones socias en áreas tales como: contabilidad y auditoría, administración del incumplimiento de pagos, sistemas de información administrativa, desarrollo de recursos humanos y sostenibilidad. Los estudios de caso del PKSF en Bangladesh, Fondo de Capital Social (FONCAP) en Argentina y del Departamento de Iniciativas Locales (DIL) en Bosnia-Herzegovina resaltan los rasgos sobresalientes de los fondos para microcrédito. Tanto los aspectos relacionados con el “proceso” como con los “resultados” se analizan brevemente en tres estudios de caso de naturaleza y ámbito geográfico diversos. Sin embargo, existen algunos rasgos comunes presentes en los tres ejemplos, como son: un compromiso a las operaciones de microcrédito por parte del gobierno y otros grupos interesados, cierto grado de autonomía de los fondos, sistemas de implementación ágiles, efectivos y costeables, buenos sistemas de administración y elaboración de informes, y evaluación de instituciones socias basada en los resultados de las mismas. Ningún sistema es perfecto y los prerrequisitos para establecer un sistema pueden no ser perfectos, pero se debe tomar la decisión audaz de introducir una práctica innovadora como es un fondo para microcrédito, la cual ha demostrado ser la mejor práctica en algunos lugares del planeta. Las realidades de su ejercicio directo ya han refutado los ataques hacia los fondos autónomos. Estos fondos principales están demostrando su enorme potencial para ayudar a la gente más pobre y olvidada de la tierra.
El propósito de este documento es avanzar la agenda de aprendizaje de la Campaña de la Cumbre del Microcrédito (Microcredit Summit Campaign). Las opiniones aquí expresadas pertenecen al autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de la Campaña de la Cumbre del Microcrédito.
[1] La Campaña de la Cumbre del Microcrédito define "las más pobres" como aquellas personas o familias que pertenecen a la mitad inferior del grupo que se encuentra por debajo de la línea de pobreza en su país.
[2] Para los fines de este documento, de la Cumbre del Microcrédito 1997 y de la campaña de 9 años para cumplir las metas de la Cumbre, cualquier mención del microcrédito debe entenderse como una referencia a los programas que proporcionan crédito para el autoempleo y otros servicios financieros y comerciales (incluyendo ahorros y asistencia técnica) a personas muy pobres.
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El reto de la Cumbre del Microcrédito: Alcanzar la autosuficiencia financiera institucional a la vez que se mantiene el compromiso de atender las necesidades de las familias más pobres
Por David S. Gibbons, Director Administrativo, CASHPOR Financial and Technical Services
Jennifer W. Meehan, Asesora Financiera, CASHPOR Financial and Technical Services
Actualizada en junio de 2000
RESUMEN EJECUTIVO:
La Autosuficiencia Financiera Institucional (AFI) es necesaria para que una institución de microfinanciamiento (IMF) beneficie realmente a una gran cantidad de familias sin recursos y con escasos recursos a fin de obtener todos los fondos que son necesarios. Sin embargo, no existe tiene que existir necesariamente un intercambio entre el objetivo de responder a las necesidades de un gran número de familias pobres y el objetivo de la consecución de la AFI por parte de una IMF, como se intenta demostrar en la presente monografía a través de los logros de las IMF de Asia, Africa y América Latina que se presentan como casos de estudio.
La identificación eficiente y rentable de los beneficiarios de los crédito, es decir, mujeres en situación de extrema pobreza, es fundamental para maximizar la eficacia y eficiencia de los servicios de microfinanciamiento que se les prestan. Si estos servicios no son prestados exclusivamente a este grupo de població, se deberá llevar a cabo una distinción de los clientes con fin de minimizar los efectos negativos sobre la gente más pobre.
El microfinanciamiento eficiente para las personas en situación de pobreza deberá maximizar los fondos que se destinan a ellas, mediante una detallada planificación económica, un control oportuno y preciso de los resultados y un mantenimiento de la calidad de la cartera de préstamos a través de incentivos atractivos para los clientes y el personal. Se debe conocer a fondo cuáles son las necesidades de servicios financieros de las mujeres de escasos recursos o sin recursos, para luego elaborar los productos financieros y el sistema de distribución de los mismos que responda específicamente a dichas necesidades.
El costo del microcrédito eficiente para las personas de escasos recursos o sin recursos oscilará entre 35% y 51% de los préstamos medio pendientes, en función de las condiciones en las que se otorgaron. La mayoría de ello (50% al 70%) se destina a pagar el personal local que presta los servicios financieros a estas mujeres, la única manera en que pueden beneficiarse del microfinanciamiento. Las mujeres de escasos recursos y sin recursos de Asia, África y América Latina están demostrando que pueden pagar y que van a pagar el costo necesario de esta oportunidad de reducir su pobreza y de brindar un mejor futuro para sus hijos. Todo esto es posible gracias a los impresionantes resultados de sus microempresas, los que normalmente tienen un promedio de más del 100%.
Los gobiernos, después de haber fracasado en su intento por proporcionan un acceso sostenible al microcrédito a la gente pobre o muy pobre, deberían disponer una política de apoyo y un un marco normativo favorables a las iniciativas privadas en este sentido. Como mínimo, se requiere la eliminación de los topes de las tasas de interés para las operaciones comerciales de la gente de escasos recursos y la provisión de una identidad jurídica (y reglamentación) adecuada para las IMF trabajen con este sector de población en extrema pobreza. En estas circunstancias, los bancos comerciales debieran de interesarse por destinar fondos para el microfinanciamiento de la gente de escasos recursos y sin recursos, con lo cual se eliminaría la última restricción para su expansión. De esta manera, se podrá encauzar el microfinanciamiento para las mujeres de escasos recursos y sin recursos y reducir considerablemente la pobreza mundial.
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Medición de la transformación:
Evaluación y mejora del impacto del microcrédito
Estudio de salida de clientes La experiencia del programa de bancos de confianza de AGAPE
Por Mitzi Machado, Coordinadora del Programa de Bancos de Confianza, AGAPE
Ana Laura Valazza, Asesora Técnica, Opportunity International Network
Susy Cheston, Vicepresidente Senior, Opportunity International Network
Suzy Salib, Asesora Técnica, Opportunity International Network
1. Introducción a AGAPE:
La Asociación General para Asesorar Pequeñas Empresas “AGAPE” inició sus actividades en 1975 como la primera afiliada de Opportunity International en el mundo. AGAPE fue creada para apoyar y fortalecer a las microempresas en Colombia a través de servicios financieros, capacitación y asesoría. Enfoca sus servicios principalmente a las microempresas de las zonas más pobres de Barranquilla, especialmente a mujeres microempresarias cabeza de hogar. Sólo durante el 2000, AGAPE extendió 14,922 préstamos a los microempresarios más pobres de la zona de Barranquilla, a través de las metodologías de bancos de confianza (similar a bancos comunales), grupos solidarios, y créditos individuales. A diciembre del 2000, 88% del total de los clientes de AGAPE eran mujeres.AGAPE ha experimentado un crecimiento de 3,235 clientes a fines de 1998 a casi 8,000 a fines del 2000. Su cartera sufrió una contracción de 1998 a 1999, debido a dos devaluaciones consecutivas de 19.2% (1998) y 21.5% (1999) respectivamente, pero logró recuperarse sólidamente en el 2000, llegando a casi $600,000 con un crecimiento de 85% en sólo un año. Este importante logro se alcanzó con un fuerte nivel de sostenibilidad operativa de 119.39% en 1998, de 118.37% en 1999, y de 123.06 en el 2000. AGAPE ha obtenido estos resultados en el desafiante entorno de Colombia, que especialmente desde 1998 se encuentra en una grave crisis económica intensificada por la violencia que golpea al país. Como es mencionado más arriba, AGAPE se enfoca en los microempresarios más pobres, especialmente mujeres. El 86% de los clientes de AGAPE participa del programa de bancos de confianza (similar a bancos comunales), donde el crédito inicial promedio por persona durante el 2000 fue de US$ 59.
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Medición de la transformación:
Evaluación y mejora del impacto del microcrédito, Segunda Parte
La implementación de sistemas de evaluación y control del impacto La opinión de un profesional de Zambia
Por Susy Cheston, Directora Ejecutiva, Women's Opportunity Fund
Larry Reed, Director Administrativo, Opportunity International Network
Suzy Salib, Directora del Programa, Women’s Opportunity Fund
Rodger Voorhies, Subdirectora Regional de Africa, Opportunity International Network
James Copestake, Centre for Development Studies, Bath University-UK
RESUMEN EJECUTIVO:
Nunya, adidoe, asi metunee o. (Akan and Ewe)
La science est le tronc d'un baobab qu'une seule personne ne peut embrasser (francés)
La sabiduría es como el tronco de un árbol de baobab; una sola persona no puede abrazarlo. (español)
Proverbio de Benin, Ghana y Togo
Este proverbio africano se aplica bien a la evaluación del impacto, es probable que parezca tan difícil como abrazar el tronco de un árbol de baobab. Pero los esfuerzos combinados de muchos pueden permitirnos alcanzar el objetivo que pareciera imposible para uno o dos.
En la Reunión de Consejos de la Cumbre del Microcrédito de 1999 en Abidjan, Costa de Marfil, hicimos todo lo posible para tratar de prestarle atención a esta proverbial sabiduría. Instamos a los profesionales, donantes, consultores y académicos a concentrarse y seguir concentrados en nuestra meta final: reducir considerablemente o eliminar la pobreza entre nuestros clientes. Además invitamos a tomar medidas, alentamos a los profesionales a dar el primer paso en la elaboración de sistemas de evaluación y control del impacto que usen recursos internos destinados a integrar los conocimientos locales en la toma de decisiones de las autoridades. Recurriendo a la analogía de la auditoría financiera, describimos el concepto de la auditoría del impacto que:
- Proporciona análisis de tendencias en el transcurso del tiempo y produce resultados comparables con los datos de impacto anteriores;
- Integra la recopilación de información con el sistema normal de información de una institución;
- Utiliza personal interno con la intervención limitada de los expertos externos;
- No cuestan más de lo que cuesta efectuar el seguimiento y la auditoría de la información financiera
Un año más tarde, estamos muy contentos con los considerables adelantos logrados en la industria. La Campaña de la Cumbre del Microcrédito sigue haciendo hincapié en el problema mediante la actualización de nuestra monografía original y dándole prioridad al tema en las reuniones regionales de África, Asia y Latinoamérica. También celebramos la publicación del Manual preliminar de evaluaciones del impacto de SEEP-AIMS financiado por la USAID[2], la implementación completa de las herramientas en las Filipinas y Perú y las recientes sesiones de capacitación ofrecidas en EE.UU. y Kenya. Aplaudimos a la Fundación Ford por aunarse a este esfuerzo con un nuevo proyecto de subsidios de tres años destinado a prestar asistencia a los profesionales en la consecución de sus metas de evaluación del impacto. Así como alabamos la renovación del Grupo de Trabajo de Impacto de SEEP por promover intercambios de información entre colegas. Todos estos esfuerzos demuestran que, así como una sola persona no puede abrazar el tronco del baobab, los profesionales no pueden crear estos sistemas por sí solos. Los donantes, profesionales, académicos y consultores tienen funciones importantes que desempeñar.
En esta monografía actualizada, queremos concentrarnos aún más en los profesionales y plantear la siguiente pregunta: ¿cómo es el control del impacto desde el punto de vista de un profesional? Enseguida nos damos cuenta de que no hay una sola respuesta, ninguna “palabra mágica” que vaya a responder a las necesidades de todos. En realidad, se necesitan distintas combinaciones de herramientas y sistemas en distintos contextos y para distintos propósitos. Pero queremos examinar cómo los jefes pueden usar la evaluación y el control del impacto como herramientas esenciales para la toma de decisiones y la capacitación institucional.
Con ese fin, vamos a fijarnos en un profesional en las primeras etapas de la promoción de un método integrado de control del impacto que, si bien todavía se encuentra en desarrollo, representa el tipo de trabajo en equipo encabezado por un profesional que recomendamos. La organización Christian Enterprise Trust of Zambia (CETZAM) ha colaborado estrechamente con su donante primario, el Departamento Británico de Desarrollo Internacional (DFID), a efectos de elaborar un sistema que esté bien integrado con las operaciones regulares. Su experiencia ha sido respondido especialmente a una serie de necesidades, dado que se embarca en un plan de expansión nacional con el objeto de crear un sistema que proporcione buena información que respalde el proceso de tomar buenas decisiones. Pero mientras que los resultados todavía son preliminares y el sistema todavía está en evolución, la experiencia de CETZAM podrá ofrecer algo de información sobre las problemas comunes que tienen muchos profesionales. Algunas de nuestras preguntas incluirán:
- ¿Cómo adaptó e implementó CETZAM sus herramientas de evaluación y control del impacto?
- ¿Cuáles son los resultados iniciales y cómo se han usado para tomar mejores decisiones que se concentren en el cliente?
- ¿En qué medida son rentables estos esfuerzos? ¿Cómo son en comparación con las pautas de una auditoría de impacto?
- ¿Qué lecciones aprendió CETZAM en el interim? ¿Qué dificultades subsisten?
CETZAM ha aprendido tanto, sino más, del proceso de elaboración e implementación del sistema de control del impacto como lo ha hecho de los resultados preliminares. Por lo tanto, esperamos que al compartir la experiencia de CETZAM, otros profesionales puedan aprender también de este proceso y estudiar cómo pueden usar la evaluación y el control del impacto como herramienta de gestión esencial para prestar una mejor atención a sus clientes, seguir siendo competitivos y cumplir su misión de reducir la pobreza
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Medición de la transformación:
Evaluación y mejora del impacto del microcrédito
Por Susy Cheston, Directora Ejecutiva, Women's Opportunity Fund
Larry Reed, Director Administrativo, Opportunity International Network
Con Vanessa Harper, Lauren Hill, Nancy Horn, Suzy Salib, Margaret Walen
RESUMEN EJECUTIVO:
Descripción general: La cuestión de la evaluación del impacto es algo que sigue acosando a los profesionales del microcrédito. Algunos aducen que los actuales estudios de evaluación del impacto no tienen sentido, mientras que otros sostienen que son muy necesarios. Los autores de la presente monografía propugnan un nuevo paradigma para la evaluación del impacto. Describen sucintamente los principios clave para la realización de auditorías del impacto que incluyen la medición de la transformación entre los clientes. Además, analizan una serie de herramientas de evaluación del impacto destinadas a los profesionales y enuncian las futuras dificultades que tendrán los profesionales, donantes y académicos para promover la utilidad de las actividades de evaluación.
Resumen: ¿Cuál es la finalidad de que el debate sobre la evaluación del impacto pida que se mida el mismo? Los autores respaldan el uso de herramientas para la medición del impacto que abarquen medidas financieras e indiquen transformación, es decir, un cambio muy arraigado en la vida de las personas o las comunidades, entre los clientes. En esta monografía se reconocen los problemas de la medición del impacto, incluso los aspectos relacionados con el rigor académico, los costos y los conocimientos y la experiencia necesarios. No obstante, los autores citan la debilidad de suponer que el mercado es un representante adecuado de los datos de impacto y sostienen que los profesionales debieran medir el impacto con el fin de determinar si las instituciones dedicadas al microcrédito han cumplido con la finalidad prevista: paliar el problema de la pobreza.
Por lo tanto, exigen la adopción e implementación de herramientas de evaluación del impacto destinadas a los profesionales y que sustenten un nuevo paradigma para la medición del mismo, un paradigma que esté basado en el concepto de la auditoría del impacto. Ponen de relieve las deficiencias de los típicos estudios del impacto y destacan que la auditoría no es un estudio académico, sino una herramienta de gestión interna. El objeto es determinar los resultados y mejorar los programas.
Al usar el modelo de la auditoría financiera, se establecen las pautas generales para el objeto y alcance de la auditoría del impacto, especialmente los criterios que los administradores deben usar al elegir las herramientas correspondientes. Los criterios incluyen el análisis de las tendencias que se producen con el transcurso del tiempo, la comparación de los anteriores datos sobre el impacto, la facilidad de implementación a cargo del personal existente, la incorporación en los sistemas de informática y los costos comparables con los que se gasta en las auditorías financieras.
Como primera medida para preparar a los administradores en la localización de estas herramientas, los autores proporcionan breves perfiles de algunas de las mejores herramientas que hay para los profesionales. Los mismos incluyen una descripción de cada herramienta, modelos de preguntas o datos recabados y un breve resumen de los principales aspectos positivos y negativos de cada herramienta. El anexo contiene también otros resúmenes de herramientas de evaluación del impacto y otros recursos.
Por último, los autores instan a los profesionales a rescatar la evaluación del impacto como herramienta esencial de gestión. Además, señalan a los donantes la necesidad de financiar el desarrollo de herramientas que puedan duplicarse y de recompensar a las organizaciones que las usen. Piden a los consultores que se capaciten en la aplicación de estas herramientas. Y destacan la necesidad de que los clientes sepan que su participación es crucial para lograr el éxito de todas las actividades de evaluación del impacto.
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CÓMO SALVAR LOS OBSTÁCULOS DE LA IDENTIFICACIÓN DE LAS FAMILIAS SIN RECURSOS
Cómo salvar los obstáculos de la identificación de las familias sin recursos: El uso de la Calificación del patrimonio participativo (PWR), del Índice de vivienda de CASHPOR (CHI) y de otras medidas para identificar y fomentar la participación de las familias sin recursos, especialmente las mujeres de esas familias
Por Anton Simanowitz y Ben Nkuna, The Small Enterprise Foundation, Sudáfrica
Sukor Kasim, Becario senior en investigaciones, Universiti Sains Malasia
RESUMEN EJECUTIVO:
Se ha demostrado que el microfinanciamiento es un mecanismo eficaz y eficiente para la reducción de la pobreza en todo el mundo. La Reunión Cumbre del Microcrédito de 1997 declaró que su meta era atender a “100 millones de familias entre las más pobres del mundo, especialmente a las mujeres de esas familias, concediéndoles créditos para que trabajen en forma autónoma y prestándoles otros servicios financieros y comerciales para el año 2005.” Se trata de un objetivo audaz dado que la captación de las familias sin recursos a través del microfinanciamiento está todavía en su etapa preliminar y la mayoría de las instituciones de microfinanciamiento (IMF) ya atienden a gente de escasos recursos pero no a quienes no tienen recursos.
La presente monografía representa el primer paso de este objetivo: la identificación de los clientes sin recursos. Se trata del paso más evitado u olvidado en el clamor de crear programas que puedan empezar a dispersar préstamos y no pierden tiempo en lograr la autosuficiencia financiera. La cuestión es cómo se puede beneficiar a la gente sin recursos con el microfinanciamiento si no se sabe quiénes son los que no tienen recursos. ¿Cómo se puede decir que se está llegando a la gente sin recursos si no se mide lo que se hace? ¿Cómo se puede identificar a estas familias en el terreno y fomentar su participación en los programas de microfinanciamiento? ¿Cómo se puede medir el impacto si no sabemos dónde empiezan los clientes?
Sostenemos que a menos que se utilice una activa concentración en la pobreza, no podremos crear servicios de microfinanciamiento para los más pobres. La experiencia ha demostrado que si se incluye a la gente que está en mejores condiciones, se puede llegar a descorazonar a la gente que quiera ingresar al programa. Por lo tanto, aun cuando nuestro objetivo no sea exclusivamente el de captar a la población sin recursos, a menos que usemos una activa selección de candidatos, existe la probabilidad de que sin querer no incluyamos a los que carecen de recursos.
No se trata de una cuestión de costo o sostenibilidad (si bien ello tiene un gran impacto en la forma en que se efectúa la concentración en la pobreza). Independientemente de que el programa se concentre exclusivamente en un grupo o no, la experiencia ha demostrado que para abarcar a la gente sin recursos debemos diseñar específicamente un programa que responda a sus necesidades. La concentración en la pobreza puede ayudar al proceso mediante la concientización de las distintas necesidades que tienen clientes diferentes y permitir que se elijan eficazmente los distintos productos.
Muchas personas sostienen que es imposible, o demasiado costoso, diseñar herramientas seguras para concentrarse en la pobreza. Sin embargo, hay una serie de métodos de selección rentables en uso. La presente monografía describe dos métodos de concentración en la pobreza que son eficaces para la identificación de los muy pobres y que se han utilizado a gran escala con miles de potenciales clientes. También se analizan algunos otros métodos menos conocidos.
El Índice de Vivienda CASHPOR (CHI) usa las condiciones externas de la vivienda como representación de la pobreza y puede ser muy eficaz en condiciones en las que hay una relación constante entre la pobreza y las condiciones de la vivienda. La Calificación del patrimonio participativo (PWR) usa las definiciones y nociones de pobreza propias de una comunidad y emplea métodos rigurosos de control recíproco para garantizar la uniformidad y precisión de los resultados. Ambos métodos apuntan a aprovechar la información que exista, a recopilar los datos mínimos necesarios para que la concentración sea fidedigna y efectúan el seguimiento mediante un proceso de motivación para promover la participación de los más pobres en el programa.
Ambos métodos dependen del contexto. La PWR se basa en el conocimiento minucioso que la comunidad tiene de sí misma y es poco probable que funcione en aquellos contextos en los que la comunidad sea débil o donde haya grandes conflictos o desconfianza. De la misma manera, el CHI depende de que haya una gran correlación entre las condiciones de la vivienda y la pobreza. No se trata de una relación universal y está bastante definida por el contexto. Cuando se adapta el CHI a las condiciones locales, hasta quizás incluyendo otros indicadores que no pertenezcan a la vivienda pero que sean externamente visibles, hay más probabilidades de que el Índice pueda aplicarse a una mayor gama de contextos.
Una tercera herramienta, que denominamos el método de “lista de verificación”, crea una lista de indicadores de pobreza sobre la base del concepto local de pobreza. Luego se asignan puntos a cada indicador o se determina un nivel para el umbral de pobreza. Así se puede calcular el nivel de pobreza de una familia con el puntaje total o con la cantidad de indicadores correspondientes.
Por ende, estos métodos no deben aplicarse a ciegas, sino adaptarse a las necesidades y condiciones locales. Es necesario tomar una serie de decisiones que determinarán la herramienta a usarse.
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Cómo los fondos de los donantes podrían canalizarse para prestar mayor apoyo a los Programas comunitarios de microcréditos dedicados a la consecución de la meta y los temas principales de la Reunión Cumbre del Microcrédito
Muhammad Yunus, Director Administrativo, Grameen Bank, Bangladesh
RESUMEN EJECUTIVO:
Para alcanzar la meta de la Reunión Cumbre del Microcrédito de conceder créditos a 100 millones de familias entre las más pobres del mundo para el año 2005, no sólo será necesario aumentar los recursos que se dedican a fomentar el microcrédito, sino también tendremos que procurar que se proporcionen esos recursos a las instituciones de una manera eficaz en función el costo.
Por lo general, los organismos donantes ofrecen financiamiento en forma de subsidios o préstamos con bajos intereses a los programas de microcréditos, y a menudo el gobierno es el garante. El costo administrativo de este financiamiento es a veces muy alto y el monto que llega a la gente sin recursos en concepto de préstamos es probablemente bastante bajo. Los donantes deben aumentar al 70% el porcentaje de fondos usados para el microcrédito que se destina a los que no tienen recursos.
Existen varias limitaciones en los métodos actuales de distribución de fondos por parte de los organismos donantes. Una limitación importante es la gran dependencia de los consultores, muchos de los cuales no tienen los conocimientos necesarios para asesorar de manera acertada y asistir a los donantes y profesionales del microcrédito. A fin de fortalecer su capacidad de atender a la gente sin recursos, los organismos donantes deberán declarar qué porcentaje de fondos destinados al sector de microfinanciamiento se asignará a préstamos para los más pobres y deberán exigir a cada oficina local que produzcan informes anuales sobre sus contribuciones para la consecución de la meta de su país. Se deberá establecer una política clara para procurar que los fondos beneficien a los más pobres. Esta información deberá circular entre los miembros del GCAP, así como los programas locales de microcrédito / capital (PMC), los fondos de microcréditos (FMC) y las ONG. Asimismo, los organismos deberán crear un mecanismo local para el GCAP y celebrar por lo menos una reunión al año para analizar los adelantos logrados y tratar los planes futuros.
La Reunión Cumbre del Microcrédito calculó que se necesitarían US$ 11,6 mil millones en concepto de subsidios y préstamos con condiciones concesionarias para atender a 100 millones de familias. Esta suma adicional de US$11,6 mil millones podría movilizarse elevando en un 5 por ciento el porcentaje de asistencia oficial para el desarrollo (AOD) destinada a conceder microcréditos a gente sin recursos con respecto a lo que es actualmente. Debemos emprender iniciativas serias tendientes a crear FMC no gubernamentales que sean sostenibles en el ámbito local y canalizar los fondos de los donantes hacia estas instituciones a efectos de iniciar y financiar los PMC.
Dos ejemplos de FMC mayoristas eficaces son PKSF (Palli Karma-Sahayak Foundation), una entidad mayorista nacional de fondos para PMC de Bangladesh y Grameen Trust, una institución que brinda financiamiento y asistencia técnica a los PMC de Asia, África, Europa y las Américas. PKSF y Grameen Trust demuestran la capacidad que los FMC mayoristas locales tienen para financiar acertada y rentablemente los programas de microcréditos.
El GCAP puede desempeñar una función muy importante como factor catalizador para los cambios que se describen en la presente monografía. Dado su compromiso declarado de atender a la gente sin recursos y su carácter de organismo del que forman parte todos los principales organismos donantes, el GCAP ocupa una posición singular para asistir en estos cambios.
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